La infección en las heridas representa una complicación costosa para el sistema de salud y un reto para los cuidadores y profesionales a cargo de los pacientes. En la última década, esta situación ha estado en aumento; se ha incrementado la prevalencia de complicaciones clínicas y epidemiológicas, así como la amenaza creciente de microorganismos resistentes por el uso irracional de los antibióticos; por tal razón, lo mejor es orientar el cuidado a la prevención de la contaminación y el cierre temprano de la herida.
La infección de una herida es el resultado final de la interacción entre huésped (herida), microorganismos, entorno e intervenciones del profesional o cuidador y, por lo tanto, el tema debe ser comprendido en su amplitud teniendo en cuenta piel, flora cutánea y exudado.
La piel es el órgano más grande del cuerpo y en él viven dos variedades de flora bacteriana o flora cutánea: una flora transitoria y una flora residente constante y bien definida. Éstas pueden cambiar características en algunas zonas de la piel debido al impacto de secreciones, vecindad de mucosas o zonas de mayor higiene externa. Así mismo, el pH, los ácidos grasos de las secreciones de las glándulas sebáceas y las lisozimas se encargan de eliminar los microorganismos contaminantes no residentes de la flora cutánea, que pueden ser generadores de contaminación local en caso de presentarse pequeñas heridas.
Los microorganismos habitantes usuarles de la flora cutánea son:
Una de las principales funciones de la piel es establecer una interrelación con la cantidad de microorganismos circundantes que pueden ser sus potenciales contaminantes. Esta protección está garantizada si se mantiene intacta en toda su extensión. En las 2 capas más externas de la piel residen células centinela capaces de reconocer a los principales gérmenes causantes de infecciones; su activación provoca en el cuerpo reacciones que atraen a otras células capaces de activar al sistema inmune.
Cuando se presenta una herida y se ve interrumpida la integridad de la piel, la protección se ve afectada y es potencialmente colonizada y posteriormente contaminada. Dado que la presencia de microorganismos en el lecho de la herida no necesariamente significa enfermedad o uso obligado de antibióticos, veremos a continuación los 5 niveles de la interrelación entre la piel y los microorganismos circundantes: